Reunión de Filósofos

28/03/2012
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Hoy ha muerto en su apartamento en la plaza General Osório, en Ipanema, el gran Millôr Fernandes, un hombre que durante casi toda su carrera cumplió con la que es una de las mayores, si no la mayor de mis aspiraciones en la vida: contar cosas de suprema importancia de forma que los que lo entiendan lo entiendan y a la vez se rían. Tengo delante de mi el único libro de Millôr que tengo de los muchísimos que escribió: Lecciones de un Ignorante. La traducción es mía: Maestro, perdóneme. Perdónenos a todos.

Los filósofos llegaron a la conferencia de filosofía y se alojaron en el Hotel Serrador. Estaban reunidos en el apartamento del filósofo más veterano cuando sonó el teléfono.

- O es para uno de nosotros o es un error – dijo el de la Escuela del Sentido Común.

- Tiene que ser una mujer hermosa que ha sabido de mi llegada y quiere conocerme – dijo el Idealista.

- Tiene que ser una chati a la que siempre doy unas cosillas cuando me paso por aquí – dijo el Cínico.

- Es para mí – dijo el Hedonista.

- Aprovecha y pide que nos suban un café – dijo el Utilitarista.

- No lo cojas, déjalo sonar. Hay que resistir al teléfono – dijo el Estoico.

- Veamos quién es – dijo el Empirista.

- Será algún pesado – dijo el Pesimista.

- Alguien ha marcado, suena el teléfono – dijo el Fenomenólogo.

- No hay que cogerlo: solo veamos este fenómeno de la vida moderna – dijo el Platónico.

- Puede ser para nosotros o puede ser un error. Si es para nosotros, eso puede ser bueno o malo… – dijo el Dualista.

- Puede ser para cualquiera de nosotros y nos puede comunicar cualquier cosa inesperada – dijo el Ecléctico.

- No lo cojáis. Van a empezar a darnos la lata – dijo el Egoísta.

- No podemos no cogerlo porque la telefonista ha dicho que estamos aquí y sea quién sea insistirá – dijo el Racionalista.

- Hay que cogerlo, ¿qué dirán de nosotros si no? – dijo el Pragmático.

- ¿Para qué cogerlo? No cambia nada. ¿Para qué no cogerlo? Tampoco cambia nada – dijo el Escéptico.

- Ese sonido despierta, en cada uno de nosotros, los más variopintos sentimientos: cada uno vibra conforme a sus coordenadas biológicas, sociales, educativas y morales. Atendamos, pues no es solo una llamada de teléfono; es una reacción colectiva de hombres altamente experimentados en el trato de los pensamientos – dijo el Transcendentalista.

- Yo lo cojo – dijo el Realista.

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