Empieza otro partido

21/10/2011
By CardinalXiminez

Anoche, volviendo a casa del cumpleaños de mi tía – no, no era una excusa para escaquearme de escribir – mientras escuchábamos Radio Nacional conectaron con Fernando Savater. Ya he dicho en más de una ocasión que Fernando Savater es un tipo razonable a quien se le subió a la cabeza eso de ser la consciencia ética nacional y ahora solo me gusta cuando habla de caballos: en la entrevista dijo lo que se esperaba de él. La clave de su mensaje era que ETA seguía queriendo lo mismo, seguía pidiendo lo mismo, y lo que se debía seguir haciendo, en consecuencia, era exactamente lo mismo.

Ehm, no. La preocupación que genera el anuncio de ETA en la derecha vasca, sea nacionalista o no, es el hecho de que la desaparición del terrorismo, si finalmente se produce, acaba con el elemento fundamental de deslegitimación del nacionalismo de izquierdas. Sin la pesada mochila de los asesinos detrás, será posible reivindicar la autodeterminación democráticamente. En suma, para el votante vasco, el nacionalismo independentista de izquierdas deja de ser una opción tabú.

El problema para Savater y los demás es que su retórica se sostiene en tres pilares: el primero es que la sociedad vasca defiende mayoritariamente la democracia y el status quo respecto a la situación del País Vasco dentro de España, lo cuál es rigurosamente cierto; el segundo es que la condición sine qua non para participar en las instituciones democráticas en el País Vasco es aceptar sin peros el primer planteamiento, lo cuál es lógico, y tercero, que cualquiera que se diga demócrata en Euskadi ha de asumir que la sociedad vasca defenderá SIEMPRE la democracia y el status quo respecto a la situación del País Vasco dentro de España, lo cual ya es bastante más discutible.

Porque ahora, si se confirma la desaparición del terrorismo, empieza un nuevo partido. Un partido donde todos los jugadores juegan en igualdad de condiciones y, en consecuencia, todas las ideas están en abierto. Lo que Savater y sus amigos defienden es una sociedad, tanto vasca como española, donde el marco constitucional de 1978 esté grabado en piedra y ha de mantenerse así por los siglos de los siglos amén, aun habiendo una mayoría abrumadora, en las calles o en las urnas, que exijan cambios que lleven a la sociedad hacia donde quiera ir.

La democracia consiste en asumir que la mayoría de la gente puede no compartir tus ideas. ETA nunca ha asumido esa premisa; esperemos que lo de ayer  les lleve a hacerlo. Pena que los que se dicen demócratas tampoco lo tengan tan claro.

Seguiremos informando.

 

 

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