Artimañas para la igualdad

06/05/2011
By CardinalXiminez

Sé que debería empezar el día con la campaña electoral que acaba de empezar y con la decisión del Constitucional, pero antes quiero tratar de la decisión de otro tribunal constitucional, el Supremo Tribunal Federal de Brasil. Éste decidió ayer, por unanimidad, que el artículo 1.723 del Código Civil, que declara como “entidad familiar”  cualquier “unión estable entre el hombre y la mujer”, es aplicable sin restricciones a las parejas “homoafectivas” (porque Dios nos libre de que entre la palabra “sexo” en ésta casa) Eso significa que ese artículo y los siguientes (incluyendo el 1.726: “las uniones estables pueden convertirse en matrimonio, previa petición de los compañeros al juez e inscripción en el Registro Civil”) pasan a valer también para las parejas gays.

Lo que diferencia éste tremendo avance del que ha ocurrido en España y en otras partes del mundo es que, en Brasil, se ha procurado lograrlo de forma que se mantuviese lo más lejos posible de cualquier poder legislativo y, especialmente, del Congreso Nacional.

Y esto es así porque las inmensas desigualdades que caracterizan a la sociedad brasileña no se extienden únicamente a lo económico. Hay un cisma del tamaño del cañón del Colorado entre los 50 o 60 millones de brasileños que consideran la homosexualidad como un hecho que debe ser asumido como tal por la sociedad, y los otros 120 millones que consideran que es simple y llanamente una guarrería.

Si a eso le sumamos la fuerte religiosidad de un porcentaje significativo de la población brasileña, religiosidad que tiene su reflejo político en el enorme número de protestantes evangélicos militantes en el Congreso (si no recuerdo mal, cerca de un 10% de los diputados) entendemos por qué posiblemente cualquier iniciativa del ejecutivo hubiese acabado ahogada al nacer en el griterío de los aleluyas en el hemiciclo.

Y no es que el gobierno se hubiera atrevido. La actual presidenta, Dilma Rousseff, había dicho en alguna ocasión que apoyaba una despenalización del aborto en ciertos casos; a la hora de la campaña, sometida a la presión de la derecha y en busca del voto evangélico, se comió sus palabras con patatas y se declaró tan pro-vida como los demás o más.

Pero por otro lado, la presión de los sectores más liberales (en el buen sentido, no en el de Espe) ha crecido exponencialmente en los últimos años. El movimiento gay se ha hecho más fuerte y más militante, y hoy en día el desfile del Orgullo Gay de São Paulo es el más multitudinario del mundo (tres millones de personas el año pasado, aunque supongo que, al igual que aquí, es más una excusa para montar jarana en la calle que una manifestación política)

En consecuencia, era necesario encontrar una manera de avanzar en los derechos de los homosexuales de forma a evitar las iras de los que ven en la sodomía la llave de las puertas del infierno. Y la forma de lograrlo ha sido a través de una artimaña jurídica que me ha encantado por su simplicidad y efectividad.

Fundamentalmente el Gobierno del Estado de Río de Janeiro (por razones obvias, uno de los más liberales del país) hizo una reforma, menor pero importante, del Estatuto del Funcionario Público (que desde ya está en la lista de Libros Que Abstenerme de Leer, como los de Danielle Steel o Aznar) otorgando a las parejas de los funcionarios homosexuales los mismos derechos que a las de los demás. Y, de inmediato y como quien no quiere la cosa, remitir una consulta de constitucionalidad al Supremo Tribunal Federal, que es el que, en Brasil, tiene las funciones de tribunal constitucional. La Fiscalía General de la República, también discretamente, remitió al STF otra consulta sobre el mismo tema. El STF admitió las consultas a trámite: la sorpresa fue que la ponencia, leída hace un par de días, se reveló entusiasmadamente favorable a la igualdad jurídica. Eso ha servido para hacer que la decisión final, adoptada ayer, fuera extremadamente fácil: 10-0 a favor.

La ley no ha cambiado: ha cambiado la interpretación de la ley – lo cuál es un avance, pero frágil. La pelota está ahora  en el tejado del Congreso Nacional y del Palacio de la Meseta. No cabe duda que los sectores más ultras del Congreso – con el orgullosamente homófobo Jair Bolsonaro a la cabeza – van a intentar revertir la interpretación vía ley. Queda saber si el Congreso, y especialmente la Presidenta, van a estar a la altura del Supremo Tribunal Federal y del pueblo brasileño. Todo es posible, pero no me declaro particularmente optimista.

Seguiremos informando.

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