Ensalada turca

26/05/2011
By CardinalXiminez

Viene un poco bien dejar de hablar un poco de política española – pero hoy seguimos, no teman – y ponernos un poco con las próximas elecciones turcas, a celebrar éste próximo 12 de junio.

Si usted, señora, cree que la ley electoral española es injusta, venga a Turquía. Turquía tiene un sistema proporcional D’Hondt como el nuestro, pero éste sí está específicamente diseñado para que el partido vencedor saque apabullantes mayorías y solo exista un único partido de oposición: la barrera de acceso es de un espantoso 10% de los votos (3% en España). Y la circunscripción electoral es la provincia, como aquí, pero para evitar que se cuelen partidos pequeños por los cocientes menores (como si la barrera del 10% no bastase) las circunscripciones más grandes (Estambul, Ankara y Esmirna) son divididas en subcircunscripciones más pequeñas.

Éste sistema fue diseñado cuando Turquía pasó al multipartidismo tras la II Guerra Mundial (quedaba feo tener un partido único) pero la intención era que siguiera gobernando el Partido Republicano del Pueblo,  fundado por el Padre de la Patria, Mustafá Kemal Atatürk. Pero los turcos tenían otras ideas y cada vez que tenían otras ideas había un llamamiento a los guardianes del kemalismo (la ideología de Papá Mustafá) para que salieran al rescate.

Los militares. Los golpes se sucedieron: dos a lo bruto, en 1960 (defina ironía: el primer ministro, que había sobrevivido a un tremebundo accidente de aviación el año anterior, fue fusilado) y 1980, y los dos “golpes por memorándum“, en 1971 y 1997 (básicamente amables cartitas de los militares al gobierno: “yo de vosotros dimitiría, pero ya veréis”)

Pero los militares tienen una duda existencial. El kemalismo, como ideología, se basa en un simple principio: Turquía tiene que ser un país europeo, aunque sea fostiando a su población. Pero desde todas partes (la Unión Europea, para empezar) le dicen que, si quieren ser un país europeo, no pueden fostiar a su población. Y es más, todo el aparato clandestino de represión, espionaje, contraterrorismo y malvedades varias (y estamos hablando de gente tan chunga que es capaz de pegarle un tiro al mismísimo Papa) debe desaparecer en aras del europeísmo que el propio Atatürk defendía. Así pues, a pesar de las tentaciones de los últimos años para proceder en contra del partido gobernante, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, en el que ven el Mal Islamista, los militares se han quedado quietecitos en su sitio, lo cuál es prueba de que nuevos aires soplan en los ejércitos europeos.

El PJD (AKP en turco) es tan islámico como el PP aquí en España es católico. Pero mientras en España la tibia aconfesionalidad del Estado y los acuerdos con la Santa Sede hacen de los curismos del bigotismo chirriantes pero legales, en un país legalmente laico hasta la extenuación como es Turquía cualquier resbalón de más puede llevar al Gobierno al trullo. El actual primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, estuvo cuatro meses en el talego cuando era alcalde de Estambul, así que lo sabe de primera mano.

Y, como ya viene a ser un tópico, pocas cosas  son tan efectivas como una prisión turca para moderar un poco tus ideas. El éxito de Erdoğan y de su partido está en el hecho de que, en lugar de obsesionarse con hacer pasar una agenda social religiosa altamente divisiva, se ha dedicado a la más simple – en Turquía – tarea de modernizar y redemocratizar el país. Como todo país pobre y bien comunicado, Turquía se ha beneficiado de la globalización: el capital extranjero ha fluido, la inflación ha bajado (la lira turca, que era una risión, ahora es una moneda bastante sólida y con una inflación bastante razonable) y el turismo ha ganado enteros. Y la prosperidad económica – así como la poca delicadeza del gobierno Bush - ha dado ánimos al gobierno turco para, por primera vez en décadas, a llevar una política exterior relativamente independiente de los Estados Unidos, lo cuál se ha visto en su posición acerca de la invasión de Irak, en la “flotilla de la libertad” para Gaza, y lo de la Alianza de Civilizaciones (sí, existe, a pesar del cachondeo patrio). Todo ésto ha aumentado el prestigio de Turquía en el mundo musulmán y ha llamado la atención de la posibilidad de un país musulmán que a la vez sea próspero y democrático.

En consecuencia, la reelección de Erdoğan (la segunda) está, según las encuestas, prácticamente garantizadas, máxime cuando el principal partido de la oposición, el veterano CHP de Atatürk, está metido hasta las rodillas en un escándalo de sus principales líderes en actitud carnal (que claman conspiración – ésto es divertido) así que éstas elecciones serán la prueba de fuego ante la piedra de toque en la que la Turquía del siglo XXI ha tropezado una y otra vez: los kurdos.

Entre las reformas constitucionales que el gobierno de Erdoğan ha tenido que impulsar, una de ellas es una política más tolerante con respecto a los kurdos. El Tribunal Constitucional turco ha ilegalizado los partidos kurdos – y la excusa se la dimos nosotros, muchas gracias – pero se pueden seguir presentando como independientes, y éste año, por primera vez, pueden hacer campaña en kurdo.

Seguiremos informando.

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